lunes, 18 de octubre de 2010
miércoles, 23 de junio de 2010
Todos miramos allá, para ver de la vida dura una visión nueva y singular, apacible o delirante o brutal, pero nueva.
No quería confesarlo, tenía miedo, miedo de confesarlo, demasiado miedo.
Seguí la liebre a las fauces del lobo. Despojado de alma, cogido de los nervios hasta los huesos, el estomago. Redobla el corazón, el aleteo queriendo huir del pecho, volado, el misterio, lo arcano, el destino. En los oídos un grupo de ecos, de alientos agrios y sinsabores mudos, en la piel un sudor gélido. El sentir débil, magro, ceniciento de anemia y pobreza física.
Pronto a perder la razón. El animal humano a la espalda, pequeño y contrito, el espíritu desnudo y etéreo al frente, el juicio imperfectamente degradado, remoto y oscuro. Mal de cansancio físico, cansancio de sí, cansancio de ser. Piel, carne, aliento, porquería.
Seguí la liebre a las fauces del lobo. Despojado de alma, cogido de los nervios hasta los huesos, el estomago. Redobla el corazón, el aleteo queriendo huir del pecho, volado, el misterio, lo arcano, el destino. En los oídos un grupo de ecos, de alientos agrios y sinsabores mudos, en la piel un sudor gélido. El sentir débil, magro, ceniciento de anemia y pobreza física.
Pronto a perder la razón. El animal humano a la espalda, pequeño y contrito, el espíritu desnudo y etéreo al frente, el juicio imperfectamente degradado, remoto y oscuro. Mal de cansancio físico, cansancio de sí, cansancio de ser. Piel, carne, aliento, porquería.
Todos miramos allá, y allá, al fondo nada estará.
Del fondo de la noche viene abriéndose la gigante boca de colmillos roncos de la serpiente, trabajando en una fluxión sola que todo lo envuelve y lo penetra con una sola sustancia de miedo. Del fondo de las fauces de la serpiente un bramido vibrante. Bajando del cielo negro mil luces danzando, verdes, amarillas, azules que mutan en sangre y son. La sangre forma un rió rutilante con brazos mas sin tiempo.
La sangre giró, un insólito aguacero de gotas rojas, techo al cielo, encendidas que se convirtieron en calidas plumas y volaron a un cielo que estallo en un estrepitoso anaranjado. Se conjugo el estrépito, la tierra se quedo sin fondo, con la ondulación temblorosa del sonido y la sangre hizo otro oleaje de llamas, de tiempo, de zumbidos.
Se sintió un vació para siempre, vacío de carne y la piel se fue. El alarido, la tristeza, un lloro de recién nacido. Los muertos sin corazón caían ligeros de lo alto, se incendió el lago en un vértigo que giraba todo. El espacio ha muerto, sueños de realidad libre, el silencio se concreta. Detrás, en las calles de la razón cabalgan desbocados, ciegos y errantes los cuatro jinetes de la vida.
Añoro un cuerpo vivo, donde estés, fluyendo en las entrañas mas intimas de sus carnes. Dónde estés, que no terminas y no empiezas.
Preciso refugio…ya aquí no vale pensar…
La sangre giró, un insólito aguacero de gotas rojas, techo al cielo, encendidas que se convirtieron en calidas plumas y volaron a un cielo que estallo en un estrepitoso anaranjado. Se conjugo el estrépito, la tierra se quedo sin fondo, con la ondulación temblorosa del sonido y la sangre hizo otro oleaje de llamas, de tiempo, de zumbidos.
Se sintió un vació para siempre, vacío de carne y la piel se fue. El alarido, la tristeza, un lloro de recién nacido. Los muertos sin corazón caían ligeros de lo alto, se incendió el lago en un vértigo que giraba todo. El espacio ha muerto, sueños de realidad libre, el silencio se concreta. Detrás, en las calles de la razón cabalgan desbocados, ciegos y errantes los cuatro jinetes de la vida.
Añoro un cuerpo vivo, donde estés, fluyendo en las entrañas mas intimas de sus carnes. Dónde estés, que no terminas y no empiezas.
Preciso refugio…ya aquí no vale pensar…
miércoles, 16 de junio de 2010
Se los tragó la tiniebla cuando hacían la señal de la cruz.
Yo conozco al diablo desde niño, desde que tengo uso de razón. ¿De razón que...? De emoción. En mis primeros recuerdos ya está patente el diablo. El primero de mis pensamientos está enredado con el diablo, y tan firmemente, y tan íntimamente cruzan su aliento y entrechupan sus savias mi pensamiento y el diablo, que por eso he creído muchas veces que uno y otro son la misma y sola cosa.
Y sigue asi la vida...
Todos pedimos a gritos la caridad de una explicación, de una explicación sencilla y grandiosa que nos lo explique todo. Y esperamos de rodillas y con las manos tendidas al viento fogozo de miseria. Revuela nuestro pelo flotante en la inmensidad de ser, y nuestros ojos se hunden en el espanto de la interrogación.
miércoles, 19 de mayo de 2010
El seco, el viejo seco, nunca hace premoniciones...
Más allá del terreno de la ponderación de las cosas, de la balanza, del compás, de la gravedad y del sistema métrico decimal, está la infinitud del pensamiento, del aliento y del sentimiento. Y del sueño.
La realidad libre y con alas, la realidad de la poesía, la realidad del llanto, la realidad cosmológica, no tienen física ni química. Si acaso, alquímia. La pequeñez está subordinada al sentido común, insigne creador de todo lo convencional, de todo lo que tiene perímetro y peso específico.
La realidad libre y con alas, la realidad de la poesía, la realidad del llanto, la realidad cosmológica, no tienen física ni química. Si acaso, alquímia. La pequeñez está subordinada al sentido común, insigne creador de todo lo convencional, de todo lo que tiene perímetro y peso específico.
lunes, 10 de mayo de 2010
Yo creo en el diablo porque me consta que existe.
La ciencia es la mediocridad en persona.
Aguila con plumas de gallina, gigante con piel de oruga, feto con pujos de león herido.
La ciencia tiene fórmulas para todo, pero de nada conoce la clave. Sabe lo que ve pero ignora lo que está detrás de la vista. Así como ignora el dolor porque nunca ha podido pesarlo, no sabe que lo demostrable no es más que un infeliz pedazo de lo arcano, de lo que no tiene espalda.
Aguila con plumas de gallina, gigante con piel de oruga, feto con pujos de león herido.
La ciencia tiene fórmulas para todo, pero de nada conoce la clave. Sabe lo que ve pero ignora lo que está detrás de la vista. Así como ignora el dolor porque nunca ha podido pesarlo, no sabe que lo demostrable no es más que un infeliz pedazo de lo arcano, de lo que no tiene espalda.
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